¿Hay que comer de todo?

Seguimos con frases que hemos escuchado hasta la saciedad: “hay que comer de todo“, “todo en exceso es malo“, “se puede comer de todo con mesura“, “si no comes de todo no llevas una dieta equilibrada“, etc… Que hay de cierto en estos tópicos?

En los últimos 50 años hemos visto como el mercado alimentario ha ido creciendo de forma exponencial y hemos cambiado los mercados por supermercados llenos de pasillos con productos ultraprocesados ricos en harinas refinadas, azúcares, sal y grasas de mala calidad; desplazando así a los productos frescos: verduras, hortalizas, frutas, legumbres, frutos secos, huevos, pescado, carne, lácteos naturales… De esta manera, el concepto clásico de “comer de todo” se ha visto distorsionado y ha incluido una gama de productos alimentarios que actualmente está demostrado que contribuyen a un incremento de la obesidad, el colesterol, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, entre otros.

Así que el mensaje de que “hay que comer de todo” ha sido aprovechado por la industria alimentaria para reducir la percepción negativa sobre los productos ultraprocesados y para trasladar la responsabilidad de la calidad de la dieta al consumidor. Nos hacen mucha gracia los anuncios de estos productos con los subtítulos de “sigue una dieta equilibrada y haz ejercicio físico” o leer los mismos eslogans en la parte posterior de las bolsas de patatas fritas acompañados de una pirámide nutricional desfasada. 

No hay que comer de todo: como ya venimos explicándoos en anteriores correos, ningún alimento es imprescindible. Se puede tener una dieta completa excluyendo alimentos. Eso sí, siempre que sea posible, elegiremos alimentos frescos, de temporada y de proximidad, ya que nos aportarán una gran variedad de nutrientes (vitaminas, minerales, fibra, proteínas de alto valor biológico, grasas saludables, carbohidratos complejos) y con las mejores propiedades organolépticas (buena textura y mejor sabor!).

Otro concepto malinterpretado o desfasado es el de dieta equilibrada. Hasta ahora, se entendía por equilibrada aquella dieta que incluía todo tipo de alimentos cumpliendo con una proporcionalidad estricta en cuanto a sus macronutrientes: 55-65% de carbohidratos, 20-30% de grasas y 15% de proteínas. Esta definición solo tiene en cuenta el valor energético de los alimentos, sin atender a los micronutrientes (vitaminas y minerales). Además, tampoco considera la calidad de los alimentos escogidos. 
Actualmente, una dieta equilibrada se considera aquella que cubre las necesidades nutricionales y energéticas de la persona. De manera que el patrón alimentario adecuado para una persona sedentaria y el de una deportista serán diferentes pero ambos pueden ser equilibrados si incluyen alimentos frescos de buena calidad acorde con sus necesidades y objetivos.

De forma general, podemos guiarnos por el método del plato de Harvard para ayudarnos a plantear nuestros menús. Este método consiste en distribuir los alimentos en el plato de la siguiente manera: 50% de verduras/hortalizas, 25% de proteínas y 25% de carbohidratos. 
Pero como hemos dicho anteriormente, este patrón debe de ajustarse a las necesidades individuales y puede variar en función de ello.

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