| Dieta Dukan

La dieta Dukan se popularizó en los años 2010-2011, cuando el dietista francés Pierre Dukan publicó el libro en el que se recogían las bases de esta dieta, el cuál fue líder de ventas ese mismo año. La dieta Dukan busca la rápida pérdida de peso de forma “natural” y su posterior mantenimiento.

Para conseguir tal objetivo, se divide en las siguientes 4 fases:
1) Fase de ataque: pérdida de peso rápida. Se restringe la dieta a 72 alimentos proteicos (carnes magras, pescados, mariscos, huevos, ciertas proteínas vegetales y lácteos desnatados) sin determinar las cantidades. Se prohíbe el consumo de carbohidratos (patata, arroz, pan, pasta, legumbres, frutas y verduras). Sólo se permite el consumo de salvado de avena.

2) Fase de crucero: se mantiene la pérdida de peso pero a un ritmo reducido. Se añaden 28 verduras y hortalizas a los 72 alimentos proteicos y se alternan días donde se consumen sólo proteínas con días en los que se permite su combinación con verduras.

3) Fase de consolidación: busca normalizar la dieta de forma gradual reintroduciendo alimentos anteriormente prohibidos como féculas, pan, frutas y quesos. Se mantiene el jueves como día de consumo de proteínas puras.

4) Fase de estabilización: esta fase debe de mantenerse de por vida para evitar el efecto rebote. Se trata de mantener los jueves como día de proteínas puras, realizar 20 minutos de ejercicio diarios y consumir 3 cucharadas de salvado de avena al día.


¿Cuáles son sus puntos fuertes?

Las dos primeras fases buscan la pérdida de peso limitando al máximo el consumo de carbohidratos y priorizando el de las proteínas. Este tipo de dietas consiguen un alto grado de saciedad, ya que las proteínas requieren de una digestión más compleja, hecho que contribuye a la reducción del apetito.
Es por este motivo que no se especifican qué cantidades se deben comer; aspecto muy llamativo para aquellas personas que están cansadas de pesar alimentos y contar calorías.
Además, al evitar los carbohidratos favorecemos la pérdida de grasa. En una situación de normalidad, nuestro organismo extrae la energía principalmente de la glucosa que obtiene de los carbohidratos. En su ausencia, obligamos a éste a que la extraiga de las grasas.


¿Y sus punto débiles?

Siguiendo con el punto anterior, esta rápida pérdida de peso durante la fase de ataque esperaríamos que fuera debida a la pérdida de grasa. Pero en realidad se produce principalmente por la pérdida de agua que acompaña el vaciado de las reservas de glucosa de nuestro músculos e hígado (llamadas glucógeno). Por cada gramo de glucógeno, perdemos entre 3 y 4 gramos de agua.

No es hasta pasado un periodo de tiempo que el cuerpo se adapta a la nueva situación y empieza a priorizar las grasas como fuente de energía. También debemos tener en cuenta que el estilo de vida sedentario y la mala alimentación actuales provocan que nuestro cuerpo sea muy dependiente de la glucosa (carbohidratos) para obtener la energía que necesita.
De manera que, al empezar una dieta baja en carbohidratos, a nuestro cuerpo le costará más de lo habitual pasar a priorizar la utilización de las grasas.

Asimismo, esta dieta baja en carbohidratos sostenida en el tiempo puede causar los siguientes efectos no deseados: cansancio, mal aliento, mareos y dolores de cabeza; entre otros.

Por otra parte, la rápida pérdida de peso conlleva un incremento del cortisol (hormona del estrés) y una reducción de los niveles de leptina (hormona que regula el apetito) lo cual contribuye a medio/largo plazo al aumento del hambre y a la ganancia de peso. Además, esto se suma a un metabolismo dañado por la reducción drástica de calorías y, por lo tanto, todo ello contribuye al futuro efecto rebote donde se recuperará más del peso perdido.

Por lo tanto, la dieta Dukan no deja de ser otra dieta restrictiva más que daña nuestro organismo y no contribuye a una pérdida de peso saludable y sostenida en el tiempo.

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