Existen cientos de dietas diferentes para bajar de peso de forma rápida y todas ellas han gozado de su momento de gloria en alguna operación bikini o post-verano o navidades. Nuestra intención es repasar algunas de ellas, analizarlas y razonar su grado de efectividad. Hoy empezamos analizando la dieta disociada.

Esta dieta se popularizó a mediados de los años 80 con la publicación del libro Fit for life(traducida al español como “La Antidieta”).  En este libro se definían las siguientes directrices a seguir:
– Comer fruta separada de las comidas principales y cruda.
– No mezclar carbohidratos y proteínas.
– No beber agua durante las comidas.
– Reducir el consumo de productos lácteos.
– Reducir el consumo de procesados y priorizar frutas y verduras crudas.
– Si sigues estas premisas, no tienes que tener en cuenta las cantidades.

No mezclar alimentos en función del grupo al que pertenecen es el punto principal que da nombre a la dieta. La justificación de sus creadores es que nuestro organismo no está capacitado para digerir distintos nutrientes a la vez, ya que requieren tiempos y pH diferentes; de manera que por un lado provoca su fermentación generando problemas digestivos y, por el otro, favorece la acumulación de grasa.

¿Qué dice la ciencia al respecto?
Primero, tenemos que considerar que todos los alimentos están constituidos por varios nutrientes a la vez. Algunos contienen más proporción de unos nutrientes que de otros, pero siempre son la suma de varios:
– La carne y el pescado llevan proteína y grasa;
– Los cereales contienen carbohidratos y proteína;
– Las legumbres, carbohidratos y proteína;
– Los frutos secos, proteína, grasas y carbohidratos;
– etc…

Así que partiendo de esta base, va a ser muy complicado disociar los alimentos en función de sus macronutrientes.

Por otro lado, nuestro organismo está más que preparado para digerir distintos macronutrientes a la vez: cuando comemos, el sistema digestivo crea diferentes ambientes regulando el nivel de acidez en sus “compartimentos” (boca, estómago, yeyuno, duodeno, íleon) y la secreción de jugos que contienen las distintas enzimas encargadas de dividir los alimentos en sus porciones más elementales para que nuestro organismo sea capaz de absorberlas y reutilizarlas para sus procedimientos vitales.
De manera que la piedra angular de la dieta queda desmontada.

De hecho, se han llevado a cabo algunos estudios para comprobar si tal dieta tiene los efectos que promociona. Se estudiaron dos grupos de personas, ambos comían los mismos alimentos y mismas calorías, pero unos seguían el patrón disociado y otros los combinaban. Se observó que los primeros no perdían más peso ni perdían más porcentaje de grasa que los segundos. 

Por lo tanto, podemos concluir que lo que funciona es realizar una restricción calórica, es decir, comer menos calorías de las que necesitamos de mantenimiento; pero aplicar el criterio de la dieta disociativa no conlleva ningún beneficio extra.

Y combinar alimentos, aporta beneficios?
Pues parece ser que sí. Os pondremos algunos ejemplos:
– La fibra de las verduras ayuda a reducir la absorción de las grasas.
– Añadir alimentos como la proteína o las grasas, ayuda a incrementar la sensación de saciedad gracias a que enlentecen el vaciado del estómago. Por lo que podremos controlar mejor el hambre.
– Combinar los carbohidratos con proteínas o grasas provoca que su absorción sea más lenta y, por lo tanto, podamos controlar mejor los niveles de glucosa (azúcar) en sangre. Muy interesante para los diabéticos y pre-diabéticos!
– Ingerir alimentos ricos en vitaminas A, D, E y K (vegetales y frutas) con grasas favorece su absorción. Viva nuestro aceite de oliva en las ensaladas!
– Combinar alimentos vegetales ricos en hierro, como las legumbres, con alimentos ácidos y ricos en vitamina C, aumentará su absorción.

Y un sinfín más de ejemplos.

Así que ya lo sabes, si quieres perder peso, es importante reducir las calorías pero también aprovechar la gran variedad de alimentos para construir una dieta rica, diversa, nutritiva y atractiva que puedas incorporar en tu día a día y la puedas mantener a largo plazo. Busca cambiar tus hábitos y no hacer dietas 😉

Esta dieta empezó a desarrollarse a principios del siglo XX y fue la que sentó las bases de la dieta disociada que comentamos la semana pasada.
Se basa en la teoría de que un nivel de acidez elevado es el origen de muchas de las enfermedades que padecemos, como el cáncer, la osteoporosis y la obesidad. Además, promueve que mediante la alimentación podemos modificar el pH (grado de acidez o alcalinidad) de nuestro organismo y, por lo tanto, reducir el riesgo de padecer tales enfermedades, así como contribuir a la pérdida de peso.
Por un lado, identifica como alimentos ácidos (y por lo tanto, candidatos a reducir su consumo) a las proteínas animales (carne, pescado, huevo, lácteos) y las harinas refinadas. Y por otro, fomenta el consumo de alimentos alcalinos como frutas y verduras.

Pero, realmente funciona así? 
El pH se mide mediante una escalera de valores del 0 al 14, siendo 0 muy ácido, 7 neutro y 14 muy básico. En nuestro cuerpo podemos encontrar distintos pH en función del órgano/área y de su función.
Por ejemplo, el estómago es un ambiente ácido para poder favorecer la digestión de las proteínas; o la piel es ligeramente ácida (5.5) para reducir el crecimiento de ciertas bacterias en ella. En el caso de nuestra sangre, ésta debe mantenerse en un pH entre 7,35 y 7,45 para que nuestro organismo funcione y se puedan llevar a cabo todas la reacciones metabólicas correctamente. Con este fin, nuestro cuerpo está capacitado para regular el pH mediante los siguientes mecanismos:
– La respiración: eliminamos CO2 a través de los pulmones.
– Los riñones: eliminamos compuestos de desecho a través de nuestra orina.
– Sustancias tampón: son capaces de acidificar o alcalinizar en función de la necesidad.

Por lo tanto, aunque comamos alimentos muy ácidos/básicos, nuestro organismo siempre tenderá a regular el pH interno para mantenerlo dentro de los márgenes óptimos a nivel fisiológico. De manera que el pH de la sangre siempre se mantendrá constante, mientras que el de la orina podrá variar fruto de la eliminación de desechos con el fin de mantener el grado de acidez/alcalinidad.

¿Y esta dieta es eficaz para perder peso?
Como hemos comentado, la dieta alcalina promueve la reducción de las proteínas animales y de las harinas refinadas y fomenta el consumo de hortalizas, verduras y frutas. En este sentido, podemos decir que sí resulta efectiva en un proceso de pérdida de peso, puesto que por un lado se incrementa la ingesta de fibra que contribuye a un mayor nivel de saciedad y, por el otro, se reducen las harinas refinadas que alteran los niveles de azúcar en sangre y favorecen la ganancia de peso. 
Pero en ningún caso esta pérdida de peso se deberá a la modificación del pH de nuestro organismo, puesto que como hemos visto, éste se mantiene estable independientemente del grado de acidez de los alimentos. 

Además, tenemos que tener en cuenta que es una dieta que prohíbe muchos grupos de alimentos, como las proteínas de origen animal o los cereales y sus derivados como el pan, el arroz, la avena o la pasta. Excluir tantos grupos de alimentos sin evidencia científica, lo único que consigue es hacer la dieta muy restrictiva y, por lo tanto, poco viable a largo plazo. Y, como comentamos la semana pasada, lo que buscamos en un proceso de pérdida de peso es cambiar los hábitos para conseguir mantener un peso y un cuerpo saludable en el tiempo.  

Así que ya lo sabéis, haced de las verduras y frutas la base de vuestra alimentación y no demonicéis grupos de alimentos por su grado de acidez o alcalinidad. 😉

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