Seguimos analizando dietas que seguro que van a resurgir en las próximas semanas y meses, dentro del periodo conocido como “operación bikini”. Hoy le toca el turno a la dieta alcalina.

Esta dieta empezó a desarrollarse a principios del siglo XX y fue la que sentó las bases de la dieta disociada que comentamos la semana pasada.
Se basa en la teoría de que un nivel de acidez elevado es el origen de muchas de las enfermedades que padecemos, como el cáncer, la osteoporosis y la obesidad. Además, promueve que mediante la alimentación podemos modificar el pH (grado de acidez o alcalinidad) de nuestro organismo y, por lo tanto, reducir el riesgo de padecer tales enfermedades, así como contribuir a la pérdida de peso.
Por un lado, identifica como alimentos ácidos (y por lo tanto, candidatos a reducir su consumo) a las proteínas animales (carne, pescado, huevo, lácteos) y las harinas refinadas. Y por otro, fomenta el consumo de alimentos alcalinos como frutas y verduras.

Pero, realmente funciona así? 
El pH se mide mediante una escalera de valores del 0 al 14, siendo 0 muy ácido, 7 neutro y 14 muy básico. En nuestro cuerpo podemos encontrar distintos pH en función del órgano/área y de su función.
Por ejemplo, el estómago es un ambiente ácido para poder favorecer la digestión de las proteínas; o la piel es ligeramente ácida (5.5) para reducir el crecimiento de ciertas bacterias en ella. En el caso de nuestra sangre, ésta debe mantenerse en un pH entre 7,35 y 7,45 para que nuestro organismo funcione y se puedan llevar a cabo todas la reacciones metabólicas correctamente. Con este fin, nuestro cuerpo está capacitado para regular el pH mediante los siguientes mecanismos:
– La respiración: eliminamos CO2 a través de los pulmones.
– Los riñones: eliminamos compuestos de desecho a través de nuestra orina.
– Sustancias tampón: son capaces de acidificar o alcalinizar en función de la necesidad.

Por lo tanto, aunque comamos alimentos muy ácidos/básicos, nuestro organismo siempre tenderá a regular el pH interno para mantenerlo dentro de los márgenes óptimos a nivel fisiológico. De manera que el pH de la sangre siempre se mantendrá constante, mientras que el de la orina podrá variar fruto de la eliminación de desechos con el fin de mantener el grado de acidez/alcalinidad.

¿Y esta dieta es eficaz para perder peso?
Como hemos comentado, la dieta alcalina promueve la reducción de las proteínas animales y de las harinas refinadas y fomenta el consumo de hortalizas, verduras y frutas. En este sentido, podemos decir que sí resulta efectiva en un proceso de pérdida de peso, puesto que por un lado se incrementa la ingesta de fibra que contribuye a un mayor nivel de saciedad y, por el otro, se reducen las harinas refinadas que alteran los niveles de azúcar en sangre y favorecen la ganancia de peso. 
Pero en ningún caso esta pérdida de peso se deberá a la modificación del pH de nuestro organismo, puesto que como hemos visto, éste se mantiene estable independientemente del grado de acidez de los alimentos. 

Además, tenemos que tener en cuenta que es una dieta que prohíbe muchos grupos de alimentos, como las proteínas de origen animal o los cereales y sus derivados como el pan, el arroz, la avena o la pasta. Excluir tantos grupos de alimentos sin evidencia científica, lo único que consigue es hacer la dieta muy restrictiva y, por lo tanto, poco viable a largo plazo. Y, como comentamos la semana pasada, lo que buscamos en un proceso de pérdida de peso es cambiar los hábitos para conseguir mantener un peso y un cuerpo saludable en el tiempo.  

Así que ya lo sabéis, haced de las verduras y frutas la base de vuestra alimentación y no demonicéis grupos de alimentos por su grado de acidez o alcalinidad. 😉

Categorías: Blog

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

WhatsApp chat Escríbenos un whatsapp!